jueves, 5 de mayo de 2016

River, el último campeón


Por razones que van mas allá de lo futbolístico, lo táctico, lo técnico y de todo lo que los jugadores y cuerpo técnico puedan expresar, River quedo afuera del certamen continental.
River quien supo hacerse fuerte de local y respetable de visitante no logro convencer desde el juego tanto individual como colectivo, el mismo equipo que tiempo atrás recibía elogios  y mas elogios por todas partes no pudo superar a un modesto pero efectivo equipo ecuatoriano que juega por tercera vez la tan ansiada Copa Libertadores de América.
River no pudo, no le alcanzo la historia de haber jugado más de treinta veces esta competencia, ni la chapa de último campeón, ni todos los apodos, eufemismos y tantos adjetivos que ensalzaban el funcionamiento de los jugadores, a su director técnico, las estrategias y demás. Simplemente no pudo, pero no por tener las herramientas sino por no saber usarlas y saber canalizar el estado anímico.


Y acá me quiero detener: el estado anímico; puede sonar trillado pero cargar con la mochila de ser el ultimo campeón resulta tan pesado y al mismo tiempo tan adormecedor que hace que el hambre de gloria quede anestesiado con la tranquilidad de haber ganado la copa el año anterior, es trillado porque son muchísimos los equipos a lo largo y ancho del mundo que no logran reponerse de sus victorias. Están y estamos acostumbrados y entrenados a reponernos y a reinventarnos después de la derrota, pero no de la victoria.
La victoria te anestesia, hace que te relajes y en medio del disfrute por la gloria alcanzada es casi imperceptible esa dosis de sueño que con el correr de los partidos, más que sueño por alcanzar trofeos se vuelve una siesta de triunfos. No nos deja reaccionar y reconocer que así como la derrota y las malas rachas pasan, las victorias también son pasajeras.
Es verdad que el equipo que quedo afuera en octavos de final no es el mismo que el que gano la copa en 2015, es cierto los nombres no son los mismos.
Es verdad que el entrenador no lograba encontrar el esquema y los nombres para tener once titulares indiscutibles y también es verdad que varios jugadores no estaban pasando un buen momento que hacia bajar mas el nivel de la calidad de futbol a la que nos habíamos acostumbrado a ver en River.
Pero es verdad y era palpable en cada partido lo anestesiados que estaban los jugadores por no estar bien preparados para saber qué hacer después de ganar, después de salir campeones; no bastara con una autocrítica profunda ni con un cambio de nombres ni de refuerzos, sino otra vez estaremos ante una situación como esta: ganar pero no saber seguir ganando.

Ahora solo quedara seguir el certamen por televisión y viendo los partidos que nos hubiese gustado jugar, nos quedara también aguantar las cargadas que son parte de lo que llaman “folclore del futbol”  (algo de lo que me gustaría hablar en otra oportunidad).
Podemos seguir dando vueltas con palabras sobre lo mismo, pero la conclusión final de estas líneas no es más ni menos que lo antes expuesto: las derrotas pasan, las malas rachas pasan, y las victorias también pasan.

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